Enfrentarse a nuevos miedos

Cuando alguien cuenta como ha perdido peso siempre solemos quedarnos con las cosas positivas, que además es lo que hay que hacer. Por que son las que suman.
Pero tampoco quiero engañaros, hay cosas que no lo son tanto.
En mi caso estoy ahora mismo en un punto en el que todo el mundo me dice lo guapa que estoy, pero yo aun no he tomado conciencia de todo el proceso y de todos los cambios. Me cuesta reconocerme.
Cuando voy a comprarme ropa aun sigo cogiendo la talla mas grande. Tengo que decir que yo comencé la dieta con una talla 58 y ahora mismo uso una 42, como podéis imaginar nada de lo que tengo en el armario me queda bien.
Algunos creeréis que es algo positivo, ahora puedo renovar mi armario, pero como aún me quedan unos 10 kilos por bajar me parece absurdo comprar ropa que en unos meses no me vendrá.
Esto hace que me vista como me vista no me sienta del todo a gusto. También sé que es pasajero y en unos meses esto se solucionará. Algunas veces me preocupa no tener conciencia de mi cuerpo tal y como está, ya que yo ( sin querer) aun cojo prendas de la XL cuando en realidad  una M ya me vale. Sé que esto cambiará, son muchos años en la espalda para que de la noche a la mañana todo cambie.
Lo que realmente llevo peor es la cantidad de piel sobrante que tengo, adelgazar 36 kilos hace que te quede mucha mucha piel que no esta en su sitio.
Cuando comencé el proceso solo podía pensar que en verano podría ponerme por primera vez un bikini (si, por primera vez) y ahora que puedo (quién dicta si puedo o no? Mi cabeza, sin duda) no soy capaz de ponérmelo por que la tripa esta absolutamente descolgada y eso que ya sabéis que hago mucho mucho deporte!!
No puedo ni imaginarme si durante todos estos meses no hubiera hecho nada!
Esto me genera un profundo sentimiento de inseguridad, vestida me veo estupenda, siento que soy cada vez mas yo misma, tengo curvas que me encantan y además me estoy poniendo fuerte.
El otro día hablaba con unas amigas sobre esto. No hago las cosas por entrar en una 36, la talla no el lo que me mueve. Si en una 40 me veo estupenda, ahi me quedo.

No se trata de entrar en una talla pequeña, se trata de verme bien, de reconocerme y de sentirme en armonía con mi cuerpo.

Ahora me planteo nuevas dudas que realmente me preocupan.

¿Cuándo esté en mi peso que pasará con todo el exceso de piel? ¿Se pondrá en su sitio?¿Me tendré que someter a cirugía estética para remodelar toda esa piel?

Es cierto que mucha piel se tonificará y volverá a su sitio, pero donde tengo más estrías es muy probable que no vuelva, aun así, seguiré entrenando y esforzándome para poder adelantar trabajo con deporte y de forma natural y no con cirugía, por que tengo que reconocer que pasar por una operación me da un miedo terrible.

Pero bueno, es algo que aun no necesito decidir, además pienso que antes de hacerme una remodelación querría ser madre para aprovechar que ya tengo la piel preparada para un embarazo. Y como ninguna de las dos cosas (ni operarme ni ser madre) está en mis planes a corto plazo voy a disfrutar día a día de las nuevas sensaciones que estoy viviendo y aprendiendo de ellas.

¿Vosotros os someteríais a una operación estética?

 

PD: en la foto llevo una falda lápiz y un croptop de H&M, que si me dicen hace unos meses que me sentiría asi de bien vistiendo lo que me gusta, no me lo creo ❤

 

 

IMG_20160523_095843

Anuncios

Miedo al gimnasio y otras mentiras.

Supongo que ésta es la mejor manera de afrontar las cosas. Haciéndolas.

Cuando me apunté al gimnasio llevaba ya 3 meses con los cambios de alimentación, y ahora después de 5 meses de entrenar a diario y no faltar a ni un solo entreno, veo la cantidad de excusas que me he estado poniendo toda la vida. Algunas infundadas y otra de experiencias negativas que he tenido.

Recuerdo una hace un par de años, cuando quise apuntarme en un gimnasio en la ciudad donde vivía. Fui al gimnasio llena de ganas y el entrenador que había en recepción me miró de arriba a abajo y me dijo literalmente:

-Adelgaza y luego vuelve.

Me gustaría pensar que quiso decirme:

-Tienes mucho sobrepeso. Quizá, para que tus articulaciones no sufran, deberías perder un poco de peso y luego comenzar con el deporte enserio.

De verdad quiero pensar que el muchacho quiso decirme eso y no que simplemente era subnormal. La cuestión es que yo salí de allí hecha un mar de lágrimas y no volví a pisar un gimnasio hasta hace 5 meses.

Podéis imaginar los nervios con los que fui a apuntarme la última vez, os juro que no estaba preparada para otra cosa así. La cuestión es que me atendió un chico con un perfil muy parecido al entrenador del otro gimnasio, casi me echo a llorar solo al entrar. Pero no, este chico fue increíblemente amable conmigo y me animó a que diera lo mejor de mí.

Seguramente en todo esto lo más importante de todo es mi cambio de actitud, y dejar de pensar en el qué pensarán los demás. Porque la verdad es que a los demás les da igual lo que yo haga.

Al principio iba al gimnasio y me ponía en la última máquina, en la esquina, que nadie me viera. Me sentía bastante mal entre tanta gente tan en forma. Juzgada.

Después de algunas semanas empezó a darme exactamente igual, voy allí a hacer mis rutinas a darlo todo y sudar mucho.

Y de repente pasó, comencé a sentirme a gusto, segura y empecé a ver resultados increíbles. Mi cuerpo estaba respondiendo con resistencia y fuerza, y he de reconocer que se me están poniendo unas piernas que algunas veces me dan un poco de miedo.

Disfruto entrenando con amigos y amigas a los que lío para que vengan conmigo y disfruto muchísimo entrenando con mi chico. Los domingos por la mañana se han convertido en mi día favorito por que desayunamos tranquilos y luego nos vamos a entrenar. He de reconocer que me encanta poder compartir con él esto. De la misma manera que disfruto entrenando sola y regalándome esas dos horas al día y solamente dedicarme a mí.

Los beneficios os los habrán dicho mil veces, pero para mí el más importante es que produce una liberación de endorfinas, lo que provoca una sensación de felicidad y euforia, y esto amigos es droga de la buena.

¿Cómo no voy a querer hacer algo que me hace sentir feliz?

Si solo fueran esos los beneficios, pero además, sube la autoestima y reduce el estrés, entre otras muchas cosas.

Así que ya sabéis, os animo a que comencéis con una rutina adaptada a vuestro estado físico y que poco a poco salgáis de vuestra zona de confort! Porque muchas veces las mejores cosas se encuentran allí!!

Feliz semana bonitos!
image

image

image

image

 

 

Ya eres normal y otras palabras de desánimo.

Partimos de la base que todos quieren bien para mí y que cuando alguien que me quiere me dice algo lo hace por eso mismo, porque me quiere.

Quiero partir de esa premisa para explicaros un poco cómo me siento frente a algunos comentarios que en las últimas semanas me han ido rodeando.

Hace unos días, un amigo al que aprecio mucho me dijo algo como:

-No te ofendas, nos conocemos y no entiendo cómo alguien como tú pudo dejarse así.

En ese momento no supe bien qué contestarle, es raro en mí, pero es cierto que me quedó una sensación extraña después de ese comentario.

Éste amigo mío dio por sentado que si yo estaba gorda (o muy gorda) lo estaba porque me había abandonado, porque había decidido que mi físico no me importaba. Sé que él lo hizo sin ningún tipo de maldad, pero si alguien que me quiere ( y me conoce) piensa eso, qué pensaran los demás?

Los que me conocéis sabéis que este cambio lo hago por algo meramente médico, tengo miedo a muchas enfermedades derivadas de la obesidad. Siempre he intentado (y he conseguido) aceptarme como soy y quererme. Y simplemente ahora trabajo por lo que quiero mientras amo lo que tengo.

Asumir que se tienen problemas con la comida no es algo fácil, y no hablo de trastornos serios, simplemente hablo del hecho de que algunas personas nos refugiamos en la comida para controlar sentimientos, ansiedad…

Hace unos días hablando con mi amiga Luna me dijo algo que me dio mucho que pensar. Dijo que la diferencia entre mi forma de llevar el sobrepeso y otras personas que también están gordas era simplemente los complejos. Los he tenido, y los tengo, pero he tratado siempre que esos complejos no se adueñaran de mi vida. Yo nunca me he abandonado, jamás he pensado ” pues ahora como ya no me gusto de ninguna manera, engordo sin control”, no, jamás.

Varios días después, alguien me dijo:

-Y Albert, ¿Qué? Estará contentísimo.

Yo, que algunas veces peco de ingenua, dije, pues sí, lo está. Más tarde me di cuenta que se refería a que ahora que estoy más delgada mi marido debería estar más contento que antes, ya que por lo visto, antes no podía estarlo ya que yo estaba gorda (que aún lo estoy, pero menos). Y como todos sabéis, estar gordo es algo malísimo, mucho peor que ser de una secta satánica.

Tengo una pareja que algunas veces no me merezco, Albert es el mayor apoyo que tengo en todo esto, me mira con unos ojos de profundo amor y deseo ( sí sí, deseo) y os juro por mi vida que siempre me ha mirado así, siempre. Cuando mas gorda estaba y ahora, que lo estoy menos. Si de una cosa estoy segura es que jamás le ha dado importancia a mi peso y sé que no se enamoró de mi “aunque estuviera gorda” como alguna vez me han dicho.

Os cuento esto para que entendáis lo que pueden doler esos comentarios tan idiotas, porque yo, que siempre he sido muy segura me encontré pensando si realmente ahora Albert sería más feliz conmigo. Cuando se lo conté casi se atraganta de la risa. Luego pensé que quizá si era más feliz, pero porque ahora tiene más comida para él.

El último es el mejor de todos los comentarios que he recibido hasta ahora, y os juro que me han dicho de todo. Pero ahí va, el bueno, el definitivo:

-Ahora ya eres normal.

Si amigos, alguien que me quiere me dijo eso. Y se quedó tan ancha. De hecho, estoy bastante segura que pensó que era un piropo genial.

Yo me quedé con cara de poker y me fui haciendo el moonwalk porque era eso o partirle la cara.

Cuando ya estaba en casa me puse a pensar qué es ser “normal” y os juro que de ninguna manera yo sentía que estaba siéndolo. Supongo que esta persona se refería a que mi peso estaba mas cerca de lo establecido como “normal”.

Hace un tiempo una persona me dijo, intentando ofenderme, que era rara, yo no me sentí para nada insultada, ser rara es algo que me gusta y se me da bastante bien.

La conclusión de todo esto es que detrás de simples palabras se esconden aún un montón de prejuicios sociales y que no todo lo que nos dicen son ataques. Siempre nos encontraremos a personas mal intencionadas, incluso gente que te quiere pero no sabe expresar con las palabras correctas lo que quiere decir, pero sobre todo debemos quedarnos con las palabras de ánimo, las que te dicen ” antes eras preciosa, pero ahora, ahora eres preciosa y valiente” y esas…. Joder, esas son las que valen.

Feliz semana bonitos