Números que avergüenzan

Ahora mismo llego a casa de pesarme.

Hoy es un día importante, he ido a la consulta de mi querido Alex.

Ya está, he pasado la barrera de los -4okg. Joder, no sabéis lo que esto significa para mi. Era una meta inalcanzable. Os juro que cuando pensaba en el cambio de hábitos nunca nunca creí que llegaría aquí.

Voy a contaros algo que para mi es muy difícil de contar, y ahora entenderéis por qué.

Cuando comencé este proceso pesaba 114 kilos.

114 kilos de vergüenza. Y ojo, no digo que pesar eso sea vergonzoso, pero si yo en 8 años que llevo con mi pareja nunca había sido capaz de decirle mi peso es que ,sin duda, me avergonzaba de ello.

Supongo que entendéis lo difícil que es “confesar” cual era mi peso inicial, era jodido y la verdad es que yo nunca he sentido que pesara tanto, pero allí estaban los números.

Para mi es un poco humillante hablar de eso ¿quién no ha mentido alguna vez en su peso?

Preguntarle el peso a alguien se considera de mal gusto, imagínate hablar de tu exceso de peso.

Pues si, todo esto es para contaros que hoy, oficialmente, he bajado 40kilos de peso.

He pasado de 114 a 73,8kg, ahora me queda un último esfuerzo para bajar lo poco que me queda y comenzar la nueva etapa.

Estoy contentísima, no os podéis hacer a la idea de lo que conseguir esto supone para mi.

Pienso en todo el esfuerzo y siento que vale la pena cada vez que mi voluntad ha sido más fuerte que otras emociones. En cada entrenamiento al que iba pensando que entrenaría suave y lo he dado todo. Cada vez que he dicho que no a algo que se que no me hará bien.

A ser constante y consciente del proceso, de lo afortunada que soy de tener gente que me anima, me apoya y me quiere.

Que han entendido sin rechistar que cuando salíamos y yo sólo bebía agua con limón y hielos o que quedásemos después de comer para que yo pudiera seguir mis pautas sin tentaciones, han sido pacientes y buenos conmigo.

Joder, hoy es un día increíblemente especial para mi, por que me he demostrado a mi misma que si estoy decidida, puedo con todo.

Gracias a todos por las palabras de ánimo, sois jodidamente increíbles.

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Lo difícil empieza ahora… o no.

Empiezo a estar muy cerca del final de proceso de perder peso, estoy a unos 6 kilos del peso que marcamos junto con mi enfermero Alex, lo que me supondrá haber perdido 45kilos.

Si, lo sé, es muchísimo. Pero la realidad es que era NECESARIO.

El otro día por fin baje de obesidad mórbida a sobrepeso, y dentro de poco espero ya estar en el peso “normal” para mi metabolismo. Es importante no obsesionarse con un peso y hacer caso a las recomendaciones del médico.

Cuando vi ésta imagen en internet me ayudó mucho a entender de lo que hablaba Alex y por eso he pensado que os podría interesar.

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Cada cuerpo es distinto, cada mujer es distinta y con el mismo peso podéis ver la diferencia que hay entre cada una. De ahí que el peso no me obsesione, si no lo que me mueve es estar sana y saludable.

Dicho esto os voy a explicar el título de éste post.

Muchas personas han comenzado a decirme que lo complicado vendrá ahora. Mantenerme en mi peso y no volver a engordar. Puedo entender perfectamente por que lo dicen. Primero por que aun creen que lo que yo estoy haciendo es una dieta restrictiva y no que estoy cambiando mi estilo de vida, mis hábitos alimenticios y mi actividad física.

La diferencia es que para mi esto no es un castigo, estoy disfrutando muchísimo. Os lo juro. Aprender a comer y a conocerme a mi misma forma parte de este momento. Y sinceramente creo que todos deberíamos hacerlo independientemente  de si queremos perder peso o no.

Todo este proceso no tendría sentido sin el trabajo que haces sobre tu propia mente. Aprendes mucho a canalizar sentimientos y esto es algo que no todos hemos tenido la suerte de aprender antes.

Todo este proceso me ha llevado a saber que, sin duda, lo difícil ya ha pasado. Si he sido capaz de llegar hasta aquí, joder, ya lo tengo hecho.

Ya casi he perdido cuarenta quilos, y es algo que JAMÁS pensé que sería capaz de lograr. El otro día hablé con Alex sobre esto. Ni cuando empecé visualizaba éste momento. Era imposible. Una meta inalcanzable.

Y aquí estoy, tan cerca de un nuevo comienzo que se me pone un nudo en el estómago de emoción. Estoy deseando empezar la nueva etapa y ver como esta vez si que empiezo diciendo:

-Joder, si, soy capaz.

 

 

 

 

 

Sabéis lo que ocurre cuando por fin hay tallas para ti en Stradivarius?

Pues no pasa nada queridos, nada.

El otro día por primera vez en mi vida mi cuerpo serrano entro en una talla L ( No vayáis a pensar que iba a entrar en otra) una camisa muy mona y fresca para este verano que compré por que estaba tirada de precio y por que moralmente tengo algo con las tiendas éstas que juegan con tantas y tantas mujeres.

¿Juegan? Si. Hace unos días una persona me hablo de la frustración que sintió al no entrar en una de sus prendas, y creedme que la entendí perfectamente. Y pensé que me encantaría que entendiera que ella ya es bella y fuerte, que no necesita la reafirmación de una talla para saber que puede con todo. Pero la entendí, por que en algún momento yo he llegado a sentir lo mismo.
Años y años de sentirme frustrada, fea, y una especie de monstruo come niños por no entrar en lo “establecido”.

Ni mucho menos quiero generalizar, estoy segura que la mayoría de las dependientas de éstas tiendas son muy majas, pero hace unos años fui a comprar un vestido para el cumple de una amiga, el vestido era mi regalo para ella y me pasó algo que me hizo cambiar mi visión sobre éstas tiendas.

La muchacha que me atendió me vio llegar a ella con un vestido y al preguntarle sin tenían una L (mi amiga también usa la L y ella no tiene problemas de peso) la chica me dijo algo tal que así:
-Lo siento pero en esta tienda no creo que encuentres nada para mujeres como tú.

Recuerdo perfectamente el hincapié que hizo en la palabra , como sinónimo de espécimen gigante de ser humano come donuts.

Yo la miré y como me gusta mucho incomodar a la gente le dije que no se preocupara por si me entraba o no, era cosa mía y no suya, que por favor saliera su encargada por que lo que estaba comprando era un regalo y con su comentario me había ofendido así que quería poner una reclamación.

Si, soy un poco perra, pero es que al final uno se tiene que tomar las cosas así. Supongo que la chica creía que tenia una imagen de mi que no encajaba con la realidad y pensaba que me quería poner ese vestido.

Para empezar, era consciente que para que ese vestido me cubriera entera hubiera necesitado como 4 de esa talla para darme la vuelta, pero la chica creyó que no lo sabía y tuvo la necesidad de recordármelo, como si yo no tuviera espejos en casa. Cabe decir que la tienda estaba llena y la sensación de humillación fue horrible.

Cuando salí de esa tienda sentía una mezcla de rabia, humillación y mucho odio hacia mi misma. La culpa era mía, donde vas tan gorda a comprar ropa, pensé.

Todo eso se me pasó cuando me di cuenta que yo no era culpable de nada de lo que había pasado y no tenia que justificarme. Pero eso lo vi yo, que ya no soy una niña y me he tenido que enfrentar mucho a situaciones así.

Pero, ¿qué ocurre con esas niñas (y no tan niñas) que cuando usando una 38-40 en éste tipo de tiendas deben comprarse una L?
Pues lo que todos sabemos que ocurre, además, estoy segura que alguna vez también lo habréis sentido. Todos, independientemente de nuestra talla, hemos sentido que una tontería así puede amargarte el día, el mes y la vida si no eres capaz de gestionar que el problema aquí no es nuestro cuerpo si no lo que una industria enferma dice que debemos medir o pesar.

Y ojo! con esto no digo que el día que me compré la camisa no sentí una mezcla de placer y risa. Había estado muchísimo tiempo deseando entrar una de ésas camisas y ahora que la tenia puesta no había pasado nada.

Supongo que ahora que me he demostrado a mi misma que no ha pasado nada, ni soy mas guapa, ni mas feliz, ni me siento más aceptada, volveré a mi rutina de pasar por ésas tiendas como si nada me entrara, por qué que queréis que os diga…. así soy mucho más feliz.

Pero tenía que hacerlo, demostrarme que no iba a pasar nada, que el cambio que estoy viviendo no lo he promovido por entrar en una talla si no por mi propia salud y mi bienestar.

Por cierto, la dependienta me pidió disculpas 😉