Mi mente me boicotea.

El final del proceso de adelgazamiento está muy cerca. MUY CERCA. Y yo me encuentro en un momento extraño.

Muchas veces pienso en la conciencia que tengo sobre mi cuerpo y me doy cuenta que no coincide con la realidad. La verdad es que antes tampoco la tenía. Veo fotos antiguas y me sorprendo por que no me veía así. Esto me produce una pena muy profunda. Como también me la produce no ser capaz de ver completamente el cambio. No os voy a negar que la mayoría de los días me veo estupenda, de hecho, mi peso actual ya me gusta y me siento cómoda con el. Pero la realidad es que la persona que se siente débil e inferior que hay en mi muchas veces me boicotea y hace que siga viéndome como la persona que ya no soy.

Nunca, nunca cojo mi talla a la primera. El otro día, estando de compras, de las 5 prendas que cogí para probarme solo una me venia bien. Y la cogí por que era la última talla y pensé “bueno,ahora no entro, pero entraré” y la verdad es que me venia un poco grande. Esto me pasa todo el rato.

Esta mañana he estrenado unos vaqueros que compré hace un mes y me vienen grandes, muy grandes. Recuerdo que es un modelo que he tenido anteriormente y los compré sin probármelos. No acerté con la talla, por que en mi cabeza aun sigo viendo a la chica gorda que me ha mirado tanto desde el otro lado del espejo. Algunas veces no puedo creerme el punto en el que estoy. algunas veces me miro y soy yo, y me sonrío fuerte y valiente. Y otras, no me reconozco.

Ya no necesito comprar en la sección de tallas grandes, pero aun así entro, aun así, me pruebo, aun así, algunas veces me siento como en ese momento.

Es cierto que toda una vida lidiando con esas sensaciones no se pueden cambiar en tan poco tiempo, pero parece que mi cuerpo es más rápido que mi cabeza.

Once meses después de empezar, el cambio físico es evidente. Perder 46 kilos no sólo me ha llevado a desprenderme de malos hábitos de vida, también me ha ayudado a desprenderme de “malos hábitos” emocionales. Ser capaz de reconocer cuando yo misma trato de boicotearme me ha llevado a darme cuenta de cuanto daño nos hacemos nosotros mismos. Trabajo con la misma intensidad mi cuerpo que mi mente, por que toda, absolutamente toda la fuerza nace de allí.

Y de la misma manera todas mis debilidades están allí.

Estoy viviendo este proceso de una forma maravillosa que me hace profundamente feliz, pero como en todo, tengo días mejores que otros. Y esto también es la realidad de todo el proceso de adelgazamiento.  No todos son días maravilloso con una motivación increíble, ni me siento siempre fuerte y capaz de todo. Pero aún así, consigo ser firme en mi decisión de vivir mejor. Ese es mi logro, superar los días malos. Los días buenos son sencillos.

 

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